
Se conocieron en Finisterre caminando por la larga playa que lleva al montículo final, Enrique llegó en moto hasta las inmediaciones del paseo marítimo y el Manolo llego de Santiago de Compostela en bus luego de hacer el camino de Santiago y quizo conocer aquel lugar, el último lugar del camino de OZantiago como el lo llamaba., No vio piedras amarillas pero vio a lo lejos a un hombre enfundado en una chamarra de piel negra y jeans vaqueros con botas lustrosas fumaba mientras contemplaba el mar que se perdía en un cielo cianótico a escala de grises, Manolo se acerco con sigilo y el deseo de conocer a ese hombre perdido en la infinita mar.
Al llegar a solo unos pasos de Enrique, este se levantó para regresar a su motocicleta, Manolo lo intercepto con prisa y le pidió un cigarro pues solo en los climas fríos fumaba, tras una charla breve Enrique monto en su motocicleta no sin antes y sin más preámbulo invitar a Manolo a treparse en el corcel de acero.
Pasearon por la ribera hasta Murxia y de regreso ya entrados en copas y calores después de comprarse un vino alvariño hicieron un calimocho, se perdieron entre los acantilados de vistas interminables en la costa da morte, como si fuese una motocicleta Enrique se montó sobre Manolo e incertó su carajo sobre las carnes del moreno colombiano, tras lo embates constantes ambos gritaron de éxtasis no sin antes recorrer las rocas cambiando de posiciones hasta terminar exsahustos y consumidos en sus propios fuegos interiores, Enrique tuvó que despedirse con premura pero se citarón para más tarde ir a cenar y contemplando ya el atardecer donde el sol se perdía entre las aguas del frío atlántico norte se miraron.
Coincidió que era cumpleaños de Manolo y ya después de la cena el personal del restaurant cantó el cumpleaños feliz al anonadado y emocionado caribeño, recordo las fiestas familiares y las voces de los amigos a ritmo de cumbiamba., Esa noche la pasarón juntos y parecía interminable en un insomnio saturado de placer y de un amancer que terminó por sorprenderlos entrelazados y fundidos, eran de apetito grande en las escenas de pasión.
Los días siguientes fueron inseparables y se consumían conociendo los lugares más secretos en las cornisas de las montañas, debajo de los molinos de viento post modernos o en los bosques místicos de Galicía y en sus manantiales prodigiosos, las horas y los días de primavera se extendían por Abril como un tiempo dorado hasta el momento de la despedida, hoy por hoy y aún en la distancia se recuedan y se reintegran al tocar los talismanes que se obsequiaron al despedirse, un corazón azul y un dije de 9 puntos.
No importa la distancia mientras se revivan los recuerdos, lo único que nos llevamos a la tumba son los amores obsequiosos, los amantes sinceros que se entregan con total plenitud y las miradas y las palabras que tatuan las pieles y marcan las almas.
"Te extraño"
Al llegar a solo unos pasos de Enrique, este se levantó para regresar a su motocicleta, Manolo lo intercepto con prisa y le pidió un cigarro pues solo en los climas fríos fumaba, tras una charla breve Enrique monto en su motocicleta no sin antes y sin más preámbulo invitar a Manolo a treparse en el corcel de acero.
Pasearon por la ribera hasta Murxia y de regreso ya entrados en copas y calores después de comprarse un vino alvariño hicieron un calimocho, se perdieron entre los acantilados de vistas interminables en la costa da morte, como si fuese una motocicleta Enrique se montó sobre Manolo e incertó su carajo sobre las carnes del moreno colombiano, tras lo embates constantes ambos gritaron de éxtasis no sin antes recorrer las rocas cambiando de posiciones hasta terminar exsahustos y consumidos en sus propios fuegos interiores, Enrique tuvó que despedirse con premura pero se citarón para más tarde ir a cenar y contemplando ya el atardecer donde el sol se perdía entre las aguas del frío atlántico norte se miraron.
Coincidió que era cumpleaños de Manolo y ya después de la cena el personal del restaurant cantó el cumpleaños feliz al anonadado y emocionado caribeño, recordo las fiestas familiares y las voces de los amigos a ritmo de cumbiamba., Esa noche la pasarón juntos y parecía interminable en un insomnio saturado de placer y de un amancer que terminó por sorprenderlos entrelazados y fundidos, eran de apetito grande en las escenas de pasión.
Los días siguientes fueron inseparables y se consumían conociendo los lugares más secretos en las cornisas de las montañas, debajo de los molinos de viento post modernos o en los bosques místicos de Galicía y en sus manantiales prodigiosos, las horas y los días de primavera se extendían por Abril como un tiempo dorado hasta el momento de la despedida, hoy por hoy y aún en la distancia se recuedan y se reintegran al tocar los talismanes que se obsequiaron al despedirse, un corazón azul y un dije de 9 puntos.
No importa la distancia mientras se revivan los recuerdos, lo único que nos llevamos a la tumba son los amores obsequiosos, los amantes sinceros que se entregan con total plenitud y las miradas y las palabras que tatuan las pieles y marcan las almas.
"Te extraño"